miércoles, 30 de octubre de 2013

SÓCRATES

SÓCRATES
Filósofo universal
Si preguntamos a estudiantes de secundaria y de las universidades de cuál fue la obra escrita de Sócrates, la mayoría dubita y contesta mencionando algún título. Unos dicen La República, otros Diálogos, aquellos Principia, etcétera. Lo cierto es que Sócrates no dejó absolutamente nada escrito. Sin embargo, la humanidad no deja de hablar de él pese a que ha transcurrido casi 2,500 años.
300 ó 400 años antes de Cristo, Sócrates era considerado el sabio más grande del mundo, porque sabía de todo. Entonces, el mundo se limitaba a los alrededores de la antigua Grecia; Sócrates es también el sabio y filósofo más grande del mundo de hoy. Para “redondear” su fama universal de sabio, Sócrates dijo su célebre frase: sólo sé que nada sé.
Sócrates bebiendo cicuta
Como sabio -es decir, como filósofo- Sócrates anduvo por el mundo, reflexionando y dialogando sobre los asuntos humanos cotidianos y de la sociedad de la época: la justicia, el amor, el conocimiento, la sabiduría, la virtud, el valor, la ética, la moral, la prudencia, el deber, etcétera. Cuando Sócrates empezaba hablar en la calle con una persona acerca de la Justicia, por ejemplo, rápidamente mucha gente, ante todo los jóvenes, se aglomeraba alrededor de él para escuchar sus diálogos así como sus reflexiones y todos regresaban a sus casas admirados y pensando en todo lo que había dicho el sabio. Así, Sócrates no sólo lograba extasiar a la gente con sus pensamientos, sino cambiaba su mente, su forma de pensar.
Ser sabio, ser filósofo, por consiguiente, ser humilde, sobrio y sencillo le costó muy caro a Sócrates, en realidad le ha costado mucho a la humanidad, pues Sócrates fue enjuiciado y condenado por una sociedad de entonces cuyo valor social era –como lo es hoy- la mediocridad. Hace cambiar de mentalidad a los jóvenes, va en contra de las creencias en los dioses, es subversivo, es antisistema; fueron los cargos.

En suma, Sócrates fue condenado por un tribunal mediocre. Su delito: buscar, encontrar y decir la verdad. Sus amigos le dijeron –huye Sócrates de la prisión. Pero él, hombre de principios, prefirió no hacerlo. Optó por la muerte. Bebió un potente brebaje ponzoñoso capaz de tumbar inmediatamente a un elefante: la cicuta. Así, la sociedad empezaba a castigar a sus sabios, filósofos, científicos y héroes.

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